Comencé a buscar algo que me hiciera sentir mejor y decidí meterme en una clase de ejercicios aeróbicos. Vi resultados de inmediato. Al final de cada clase me sentía como en una nube, relajada y sin tensiones. Fue entonces que descubrí lo grandioso de hacer ejercicios. Aún así, después de un año de hacer una rutina aeróbica a diario, de repente caí en cuenta de que no había perdido nada de peso y que mi composición corporal seguía igual: tenía el pecho hundido, barriga, hombros caídos y las piernas débiles y llenas de celulitis. Eso me hizo percatarme de que, para poder cambiar mi figura, necesitaba hacer ejercicios con pesas. Era necesario que desarrollara masa muscular si deseaba tonificar mis músculos.
Empezé a hacer un estudio intenso de diferentes técnicas de ejercicios con pesas. Al mismo tiempo practicaba con pesas de 3 y 5 libras. Poco a poco fuí ganando más y más fuerza, al mismo tiempo que incrementaba las pesas. En cuestión de unos meses de seguir esta rutina empecé a sentirme y a verme mejor. Mi postura mejoró. A los ocho meses reducí de talla 8-10 a 2. Ya para entonces levantaba pesas de 10, 12 y 15 libras. Hoy día levanto pesas de 20, 30 y 40 libras en cada mano. Me encanta ser fuerte!
Poco después me dí cuenta
de que para sacarle el mayor provecho al entrenamiento con pesas
nesecitaba modificar mis hábitos alimenticios. Empecé
a bajar el consumo de grasas y a aumentar el de las fibras valiéndome
de frutas, vegetales y cereales. Con el paso del tiempo eliminé
de mi dieta las carnes rojas debido a su alto contenido de grasa
y muy pronto noté que mis problemas de estreñimiento
desaparecían. Además de que
me sentía con más energía. También
comencé a tomar 8 vasos de 8 onzas de agua a diario.
Para motivarme leía publicaciones referentes a la salud y la composición corporal, manteniéndome enfocada en mi meta y hablándome a mí misma de manera positiva.
Poco después de eso comencé a practicar la meditación. Los resultados fueron una mejor habilidad para concentrarme y una memoria mejor. También se me calmaba la tensión. En adición noté que después de meditar mi rutina de ejercicios era más productiva. Con el tiempo, las líneas faciales se me disimularon gracias al estado de relajación resultante de la meditación.
No tardé en convencerme de que para aprovechar al máximo el programa de entrenamiento con pesas era imperativo tomar en cuenta la nutrición, los ejercicios aeróbicos, el control de la tensión y la práctica de pensamientos positivos. Si se sigue un programa comprensivo, se pueden garantizar los resultados del mismo y se mejorará la calidad de vida. La fuente de la juventud se basa implemente en un cambio de estilo de vida, el cual se puede llevar a cabo paso a paso.
Mi nuevo estilo de vida gira en torno al entrenamiento con pesas, a los ejercicios aeróbicos, a una dieta baja en grasas y alta en fibras y a la meditación. Los resultados que se pueden observar en mí son el clímax de dedicación y esmero a todos estos aspectos de una vida sana. Lo que es más, en el proceso de transición a este nuevo estilo de vida desarrollé mi autoestima. Aprendí a valorarme, a tener respeto y estima por mí misma y, por consiguiente, a transmitirles estos sentimientos a otros. En todo esto se ve un gran contraste con la persona que antes fui, alguien que se repudiaba a sí misma y su apariencia física.
Ahora, a los 59 años de edad, me siento más saludable, más feliz y con más vitalidad que nunca antes. Lo que les ofrezco a ustedes es lo que nos ha dado resultado a mí y a los cientos de mujeres que se han entrenado conmigo a través de los años.
Todos podemos mejorar nuestra calidad de vida. Nunca es muy tarde para empezar. Y, para aquellos de ustedes que se encuentran entre los veinte y los treinta, mi programa los puede ayudar a prevenir los estragos que consigo trae la edad.
Después de pasar años
estudiando psicología me di cuenta de que yo había
pasado la mayor parte de mi vida deprimida. Y que la depresión
me afectaba emocionalmente, me impedía ver lo positivo
de la vida y la esperanza. También me di cuenta que la
raíz de mi depresión se encontraba en mi manera
de pensar: me concentraba solo en lo negativo. Me levantaba en
las mañanas condenando el día que se me enfrentaba,
refuñando mis deberes y sin ganas de hablarle a nadie.
Hoy día me levanto bendiciendo el día que se me
enfrenta, con confianza de lograr todo lo que tengo que hacer
y dando gracias por la oportunidad de hacerlo. Que me llevó
del pensamiento negativo al pensamiento positivo? La salud: los
ejercicios con pesas, aeróbicos, nutrición basada
en frutas y vegetales, mucha agua, la meditación, afirmaciones
y visualizaciones positivas y el estudio psicológico. Este
programa comprensivo que me salvó la vida, es lo yo te
ofrezco a tí.